miércoles, 29 de junio de 2016

Preludio en Do menor (op. 111), "un buen padre"

  Hay cosas que uno dice sin saber cuánto está diciendo realmente, o qué es lo que el otro va a oír. Un amigo una vez me dijo algo así como "yo considero que alguien canta bien cuando canta algo que yo no puedo cantar". Es una frase que me define tan bien, que dudo haber escuchado correctamente, temo haber deformado lo que este amigo me dijo para poder convertirlo en esto, esa descripción tan perfecta de gran parte de mi mundo. Si la acepto como una cita medianamente fiel, es porque creo que mi amigo y yo nos parecemos mucho.

  Estamos en la terraza, Leandro, su pequeño sobrino, y yo. Probablemente estemos fumados, no lo recuerdo, pero en esa época fumábamos mucho. Estamos sentados en el suelo, somos todos niños, definitivamente habíamos fumado. Una araña enorme se acerca al niño real, al único que podría (¿por qué?) percibirlo como una amenaza. Tengo miedo por él, pero no sé cómo reaccionar. Si me levanto a matarla antes de que se acerque, estaría identificando a ese animal con un peligro. No quiero hacerle eso al pibito, no lo merece. Es horrible. Yo le tuve terror a las mariposas durante toda mi niñez por eso mismo: no, no quiero que le pase. La araña se acerca cada vez más, y sigo sin saber qué hacer. Se la señalo a Leandro, le paso el problema o, más bien, sumo a otro adulto para poder solucionar lo más rápido posible esa situación entre los dos.
  - Camilo, ¿te gustan las arañas?
  Camilo ni levanta la vista, sigue en la suya. Pero aún así contesta con un "no" firme, casi inmediato.
  - Bueno, vení para acá.
  Leandro se levanta, lo alza y lo coloca en otro sector de la terraza. Camilo ya no se encuentra en el camino de la araña, y ni se enteró.
  Esa solución simple, ejecutada en apenas unos segundos, me maravilló y me seguirá maravillando. Leandro un día será un gran padre. Que podrá mandarse once mil cagadas que ahora no puedo imaginar, pero así y todo será un gran padre.

  Recordé ese episodio hoy, no sé por qué. Pero me hace pensar en esto que hace tiempo que no puedo dejar de pensar, en esta mujer a la que no llegué a conocer pero que admiro profundamente, que imagino que crió sola a un hijo que jamás alcanzó ni alcanzará una edad intelectual de más de seis años, pero que hoy en día es un adulto autosuficiente. Una proeza que nunca llegaré a ilustrar con palabras, aunque las únicas palabras que tengo ahora mismo son para intentarlo. En algún momento.

3 comentarios:

  1. Hemos hablado de esa mujer. Cuando pienso en esas figuras, las admiro y ¿envidio? esa fortaleza que se me antoja inalcanzable.

    ResponderEliminar
  2. Es la versión optimista del "Nadie, nada, nunca"

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Optimista, no. Relativista. O tibia, nomás.

      Eliminar